martes, 28 de noviembre de 2006
La tarde trancurría lentamente, en contraste con los trenes que transitaban por la estación sin parar en ella. Manuel dio una última y larga calada al cigarro, lanzando con fuerza la colilla al suelo del andén. Su mente se hallaba totalmente atestada , invadida, a punto de rebosar la cavidad de su cerebro.
A la inacabada historia entrentre adolescentes les sobraba el tiempo. En los inicios descubrieron sus incipientes sentimientos. Su transcurrir de los tiempos fue desmedido en longitud: prácticamente una existencia. Fue ese periodo un intento lo inaccesible , anhelando el momento de volver a hallarla, inventándola en su memoria, tratando de de hurtar a la realidad su ineapelable sentencia. Tenía que expresarle tantas esencias... con todas ellas hubiera colmado los huecos ocupados por los silencios del extenso tiempo transcurrido. Repasaba lo acontecido en aquellas estaciones de verano, no recordaba si seguidas o no, demasiado lejanas en años y... tan presentes en sus nostalgia. Si sabía que le habían cambiado la vida en su buen y único sentido: el alcance del sentimiento más elemental entre hombre y mujer, que algunos tienen la osadía de llamaarlo química, cuando en su modestia es única y sencillamente, sacramento de emoción. Para él, había sido como un sota, caballo y rey en una partida de cartas. Llegaba la hora en que en aquel juego se iba a manifestar el resultado final. Asímismo se revelaba lo sucedido, lo que tenía que acontecer, lo que de cierto estaba escrito en las estrellas. Conocía que aún le faltaba por jugar la última partida, los astros le había retado, quedaba una jugada... llegaba el tiempo de repartir las últimas cartas.
El andén se poblaba de gente. El reloj de la estaación marcaba
las siete. La luz del día, con sus tonos ocres, dibujaba en su firmamento un tul de emociones.La jornada tocaba a su fín, el crepúsculo iba venciendo a la luz diurna en su invariable monotonía, cuando Manuel encendía otro cigarro...
Le vino a la mente su primer estío y empezó a evocar, sus recuerdos lo trasladaban a otro tiempo y lugar. La tarde comenzaba su final, mientras la historia de Manuel emprendía a la vida. Su mente viraba a colores sepia y fue entonces cuando advirtió ser transportado al universo de aquel primer verano. En ese instante se preguntó: "¿Vendrá? ¿Asomará a mis ojos, aunque sólo sea la sombra de su figura? ¿La volveré a ver? ¿Retornará a ser su palabra la caricia de mis oídos?" Si
la débil e insignificante gota de agua , una tras otra, orada la compacta roca, ¿qué no revelarían sus preguntas en el goteo perpetuo? Sus interrogantes transitaban a deshacer lo que todavía estaba pendiente. En su ánimo se hizo el silencio profundo bloqueando los entresijos de us pensamientos.Absoto en sus ideas, no escuchó que por la megafonía del andén se estaba comunicando la partida del convoy de la estación inmediata.
La máquina se aproximaba lentamente palpando el aire, acariciándolo, como si quisiera no lastimar al viento. Era ya cabal su tiempo indivisible. Fue en ese preciso instante cuando el volcán de los sentimientos empezó a manar lava de sus recuerdos y, ya lo indisolubre principiaba el ayer.
Publicado por adiosmareaadios @ 21:24
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