Ascendía y ascendía sin parar, comprendía en ese vuelo tan rápido que estaba muerto.Llegué a una especie de páramo virado en blanco. Salió a recibirme una persona que parecía más un hippy que a San Pedro. Me tomó del brazo, pasándome a una salita y diciéndome: "siéntese". Empezó a hablarme con voz de flauta para decirme: "Antes que nada felicidades por haber tenido la oportunidad de vivir en la tierra, lugar donde se sufre pero también se goza, ¡y de que manera! Este mundo al que acaba usted de llegar sólo le esperan padecimientos, aquí las jornadas son de veinticuatro horas sin descanso y sin ningún tipo de convenios laborales, ya que aquí sólo se viene a sufrir. Oiga, que lo único que existe es esto, es decir el infierno, ¡venga!, a trabajar...
Me desperté sobresaltado y sudoroso, mi hija, que, me haía traido el desayuno a la cama me había tirado encima el café con leche, sin ningún pudor, mojándome hasta la barba de tres días. En su cara apareció un gesto de disculpa, la abrazé susurrándole al oído: Hija!, Tú desayuno ha sido total ya que ha contenido una "hebrita de felicidad".
amoramaar