La encontré una noche más que oscura: negra. Llovía intermitentemente. Me acerqué para decirle: "Oye, perdona, ¿quieres cobijarte en mi paraguas?". No fue su palabra la que contestó sino su gesto. Me respondió que sí. Nuestros cuerpos debajo del paraguas se rozaban. Sentí algo mágico, me armé de valor para decirle: "Perdona, pero tengo la sensación que nos conocemos de años atrás". Ella me miró y como espuesta sólo sonrió. Me cautivaba el momento hasta que ella me indicó que se quedaba allí. Al despedirse me apuntó: "Muchas gracias por haber evitado que me mojara. ¡Ah!, no nos conocemos de años atrás, no. Nos conocemos, pero pòr favor, no lo mida en tiempo". Cuando giré la cara para preguntarle, ya que había añadido más elementos al misterio, ya no estaba. Seguía lloviendo, cerré el paraguas. Las gotas de lluvía no únicamente mojaban mis ropas y mi cuerpo. Sentía mientras caminaba una total melancolía. Miré al cielo, ¡vale!, lo entiendo. ¿Saben?: era noche cerrada
amoramar