Si existe una manera de sentir la velocidad como si la estuviéramos marticando, no hay otra como la de ir en moto.
La máquina de dos ruedas nos permite unas sensaciones que en otros medios son difíciles de alcanzar. Se trata de percibir el movimiento veloz sin ningún tipo de intermediación: el aire envuelve al cuerpo y lo transporta sin freno.
Por otra parte, tenemos a los aficionados, a los que normalmente se les denomina moteros. Si algunas aficiones crean caracter, esta es claro que imprime. Desde fuera se ve una naturaleza un tanto peculiar: un aficionado lo será hasta que se muera. Aman las dos ruedas hasta la muerte. ¿Cómo decirlo?, aman las motos porque aman la vida o aman la vida porque aman las motos.
La unión entre el hombre y la máquina suele ser una simbiosis perfecta, sobre todo para el hombre que ve en su "amiga" unas piernas mucho más veloces que las suyas. Se ve en infinidad de casos el trato que se les dispensa como si fueran objeto de culto. En acampadas de moteros se ha visto en días de lluvia dormir la moto dormir bajo techo, mientras su dueño lo tiene que hacer, sin importarle el agua que cae a la interperie.
La velocidad nos hace llegar más rápidos a los lugares, sin embargo el amor a lo absurdo causa el efecto de ir lentamente en el progreso humano.
amoramar
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