Cuando se pasan los efluvios de beber más de lo aconsejable, más de la cuenta y menos de lo que uno hubiera deseado, aparece en nuestra cabeza como una nebulosa arrastrándonos al fondo del abismo donde la caída casi siempre suele ser, sino un cacharrazo monumental, un mal golpe. También suele suceder(si no hay caída)un movimiento pendular de todo nuestro cuerpo que nos hace sentir que vamos en una pequeña embarcación a merced del oleaje.
La vida, tan rica en casi todo, no sólo nos concede saber lo que es una verdadera resaca después de una larga borrachera, no, existen otras circunstancias donde la misma hace acto de presencia en nuestra agotadora existencia. Normalmente son muy distintas a la primera ya que en ellas la materia prima(el alcohol) no aparece, asomando otras ensoñaciones que nos producen el efecto del resacón, es decir, el habitar en un lugar que no es el nuestro.
Las persona que han tenido éxito en la vida sufren de la terrible jaqueca, conocen el sinsabor de que después de la felicidad artificial sólo hay un suelo en el que pisar, común para todos los mortales. Suelen ser tan peligrosas que algunos seres intentan y consiguen abandonar el barco una vez que están subidas en ellas. El antídoto para este tipo de vivencias aún no se ha creado, ¡hombre!, existe uno pero no se le hace mucho caso, se le dice humildad, no sé si las quita del todo pero ayuda a sobrellevar el éxito. Al final lo efímero es igual a la nada.
Cosechar la fama y celebridad es escalar mundos inexistentes.
amoramar
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