¿Quién no ha probado alguna vez las patatas a la brava? Se trata de uno de los aperitivos con el que se disfruta no sólo por el tubérculo tan utilizado en nuestras cocinas, también por su salsa de tomate, aunque el condimento que hace que le plato sea tan especial no es otra cosa que el picante. Las picaditas tienen en el mencionado preparado su parte más álgida, ya que cuando entran en las bocas el paladar, algunos, se ponen más que al rojo vivo.
En nuestra existencias también debería ser importante incluir en ellas algún elemento que picando nos haga ver que estamos vivos, por obvio , ¡claro!, ya que si uno siente la impresión del picor por estar vivos. Observamos que si hablamos de picante y no estamos hablando de comida, seguramente nos estaremos refiriendo al sexo. Que sepamos el sexo(ninguno de los dos, pica) a no ser que los untemos del ardoroso ungüento, y eso... no hay persona que lo resista.
Lo que pica, mientras no nos mate, nos da sensación de fuego, de ardor por las cosas en las que queremos creer. Si las circunstancias de cualquier persona fueran tan monótonamente exactas como son las matemáticas a la vida le faltaría la chispa, motor que hace que nuestra vida diaria no sólo sea una sucesión de monocordes segundos, sino un festival de sensaciones gratas tanto para el cuerpo como para el alma.
La vida sin picante puede ser, pero jamás será plena.
amoramar
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