domingo, 25 de marzo de 2007
Las revoluciones dejan la impronta del cambio en las sociedades que las gozan o las padecen para ser alcabo del tiempo un mero recuerdo un vago eco ya que al final de todo ello es triturado, digerido y expulsado por la sociedad (masa de individuos que forman un relativo todo con sus ilógicas desigualdades.
Si al final todo acaba en fracaso habrá que preguntarse el porqué del tropiezo una y otra vez con la misma piedra. Igual puede ser por un error de principio: Cambia la sociedad para que cambie la persona, pensamos que debería ser al revés, primero tiene que cambiar el ser humano para que en la sociedad de la que forma parte la revolución triunfe.
Es curioso encontrarnos verdaderos revolucionarios en la sociedad que en sus cosas son unos perfectos contrarrevolucionarios. Así existen izquierdistas que en sus hogares son unos perfectos capitalistas, unos humanistas que en sus casas son unos verdaderos tiranos, unos libertarios que en sus casas no hay otras leyes que sus ordenos y mandos,
unos progresistas que en sus casas son unos increíbles fascistas.
El que se tenga por revolucionario lo tiene fácil: que empiece al cambio con las personas que tiene más cercanas, que con sus esposas, hijos, padres y demás familias así como amigos y compañeros empiecen a practicar su loable y honrada doctrina.

Que una sociedad sea libre, fraternal y legal, no quiere decir nada mientras los que la forman no utilicen los tres conceptos en el circulo cerrado de sus vidas cotidianas.

amoramar

Tags: Contrarrevolución

Publicado por adiosmareaadios @ 5:01
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