sábado, 31 de marzo de 2007
Que estamos en la sociedad de las tarjetas y que estas sean de cartón , papel o plastificadas no es descubrir nuevos mundos. Las dichosas nos acompañan como formando parte de nuestro ser, son como una especie de ropa interior exterior que visten o bien nuestras presentaciones a los demás, personales o laborales o bien las que hacen que nuestras cuentas mengüen igual que la luna en fase menguante.
Las plastificadas son el pan nuestro de cada día, y no por su religiosidad, no, sino porque tiramos de ellas jornada a jornada, como intentado que nuestro dinero alargue (a veces nos olvidamos que las matemáticas no fallan y especialmente en estos menesteres). Si encima son de crédito mal vamos ya que el estiramiento lo vamos a pagar a precio de caviar iraní, encima de comprar con un dinero que no tenemos y al cuna compramos para poder comprar, no es lioso no, sólo es beneficioso para las entidades créditicias.
Se puede vivir sin ellas como también de bastantes más cosas que nos acompañan diariamente, pero esa no es la cuestión ya que de ellas han creado nuestras necesidades y a ver quién es el valiente que da a un toro bravo un beso en los morros.

Las cosas no son buenas u malas en su naturaleza, somos nosotros los que con nuestros usos hacemos que una tarjeta, por ejemplo, pueda ser una bendita tarjeta o una maldita tarjeta.

amoramar

Tags: financiación

Publicado por adiosmareaadios @ 12:25
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