Puedo prometer y prometo, juro por mi honor, a Dios pongo por testigo... Las palabras no deben ser cárceles donde encerramos nuestros propósitos para que nuestros hechos estén comprometidos en su devenir. ¿Quién es el guapo que maneja los tientos?: nadie, así que a veces más vale decir aquello de: "Donde dije digo, digo diego" que cumplir lo que en un día nuestra palabra nos comprometió a hacer.
El valor de la palabra es el que es , pero hay que pensar que el de los hechos también. Si nuestra libertad debe ser sagrada nada debe aniquilarla y menos nuestras palabras anteriores, ¿no es de sabios rectificar?
Nuestra responsabilidad no debe depender del ayer sino del aquí y ahora, Si las situaciones son cambiantes cada día, o cama minuto, ¿por qué no van a poder cambiar también mis decisiones?
No cumplir una promesa o un juramento está mal o bien dependiendo de sus tiempos.
amoramar
Tags: Parque jurásico...