¿En los tiempos que corren tiene sentido el amor, sus paciencias y sacrificios? Para nuestro personaje Manuel, sí. Por ello, goza en la dedicación y esperanza ya que entiende que llegando lo postrero, el camino recorrido ha merecido la pena al conseguir lo anhelado sin más tributos que la espera.
Reencontrase a los sesenta años con el credo singular, no proviene de un hecho milagroso, en el caso de nuestro protagonista, sino de un merecimiento, una causa justa. ¿Lo intemporal tiene fecha de caducidad?
Una expectativa de cuarenta años refleja que, a veces el primer amor no sólo es principio y final. Manuel espera, permanece fiel todo el proceso en la alargada prórroga. Su amada, en la lejanía cumple vida y al cabo del tiempo se va dando cuenta que aquella primera pasión, su primogénita, en el remoto verano ha trocado o mudado a una percepción verdadera sin más adjetivos que el de imperecedera.
En el dilatado recorrido el protagonista sumará incentivos, desarrollará su afecto. Hallando Manuel en el largo tiempo un malquerido convidado de piedra. Tendrá sus tentaciones reales de sacrificar la emoción. Observará que en su ciudad tiene fama de solterón, mal amante y otras minucias.
El libro esta escrito para aquellas personas que han experimentado el sentimiento noble y primoroso. ¿Acaso lo sutil está concebido para ser entendido y juzgado por lo vano? En Adiós Marea el amor es el protagonista, los actores son sólo instrumentos de igual manera por la que los seres queridos son medios del amor hacia ellos.
La perseverancia florece en esta novela como una consecuencia del amor…
amoramar
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