Estamos llenos de pensamientos extraños a nuestra razón, por ejemplo: pasa algún mal a la familia o a uno mismo, la cosa es clara nítida como un melonar, alguien ha echado mal de ojo. No hay que preocuparse ya que para cualquier mal existe un remedio: se va uno (el mal ojeado) a un curandero y pagando eso que se llama "la voluntad" el mal de ojo desaparezca como le pasa a la luna cuando amanece el día.
Igual lo que nos pasa es que tenemos mal ojo para el devenir de nuestros problemas y conflictos que nos suceden. No somos capaces de pensar que si me han salido unos granos será por causa física y química o bien que si tengo algún problema laboral o de amoríos será que me ha tocado la china como me puede tocar si juego a la lotería.
Si de verdad existiera el mal de ojos todos andaríamos ciegos.
amoramar
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