En Sevilla se ha dado la circunstancia reflejada en prensa y televisión de la devolución de una cartera conteniendo algunos miles de euros. La persona que se la encontró y la devolvió es un sin papeles que se gana la vida en los semáforos vendiendo pañuelos. Al buen hombre el dueño de la cartera le ha dado cincuenta euros de recompensa que van más allá, afortunadamente, ya que ha incrementado la venta de los pañuelos con alguna buena cantidad en la compra en algunos casos.
En la noticia hay un echo a destacar: el color de la piel del buen samaritano: es negro.
El catalogar a los seres humanos por su nacionalidad, religión o color de su piel no sólo va contra los más elementales derechos humanos,
sino que también conlleva la crueldad que dicen que tienen los niños.
Dicen que el color negro es la negación de todos los demás colores, no lo sé, si tengo claro que el negro de los pañuelitos nos ha dado colores bellísimos, con su gesto, a eso que llamamos esperanza humana.
amoramar
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