Llamó a su perra, le puso la correa y salieron a dar su paseo matutino. En el parque se encontró a Pedro un anciano que todos los días bajaba a dar un paseo hasta que cansado se sentaba en un banco y practicaba lo que podíamos denominar: el descanso del guerrero jubilado. Pedro sólo pedía la palabra, simplemente deseaba escuchar y ser oído. Había enviudado hacía como unos tres años, tenía dos hijos, aunque como comentaba Manuel, esto era un decir porque si uno no ve a sus hijos nada más que en Navidad, es decir, casi por compromiso no para con el padre sino para sus duras conciencias, dejándolo el resto del año más solo que un apestado, conformes en ser arrastrados por esta sociedad que piensa que los viejos lo único que tienen de bueno es la herencia, realmente uno no tiene hijos pueden ser otros tipos de seres, por ejemplo: un par de negros cuervos.
continuará...
amoramar
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