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Eso es verdad, y a propósito de dialogar, ¿cómo va su rodilla?, ¿le duele hoy también?
– Por la noche es cuando más noto el dolor, y en los cambios el tiempo no le quiero ni contar, vera que yo ya no digo aquello de me estoy haciendo mayor. ¿Sabe usted?, ya lo soy...
– No diga usted eso, sí está echo un chaval...
– No le quito razón, si en vez de que me lo dijese usted, fuese Matusalén... Pero no es el caso...
– Hablando en serio, ¿Cómo se encuentra?– Solo Manuel, muy solo, mis hijos... – los ojos del anciano descerrajaron dos lágrimas que recorriendo su cara llena de surcos humedecieron la comisura de sus labios, fue entonces cuando saco el pañuelo y secó las dos únicas gotas que su corazón había logrado escupir.– ¡Venga!, señor Pedro. Ahora mismo nos levántanos y marchamos a hacernos un cafelito, ¿le parece bien?
– Oiga, uno no, dos, uno para usted y otro para mí.
– Hoy está socarrón, ¿eh?
– Las matemáticas dicen que no fallan.
– De acuerdo, ahora bien, señor Pedro los paga usted ya que es de izquierdas... para que cunda el ejemplo.
– Pago sin problemas, pero piensa que mi pensión mensual sigue siendo de derechas, que dederechas, derechona pura y dura – los dos amigos a pasos cortos fueron riéndose a tomarse los cafés al bar de la plaza. Las sociedades que tratan sin consideración a sus mayores son necias e ignorantes ya que olvidan que a no más tardar comprobaran y no sutilmente sus propios métodos en carne propia.
Continuará...
amoramar
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