Sentados los dos como viejos camaradas, apuraban los cafés sorbo a sorbo, Pedro apartó la mirada de su contertulio para contemplar a una joven, quedó prendado de la moza, suspiró, dirigiéndose a Manuel indicó:
– Realmente noto que la vida se escapa cuando observo a la belleza, y más cuando esta es hembra.
– Señor Pedro... El tiempo pasa para todos, incluso para la mocita. Imagino que usted tuvo sus experiencias. Quédese con los recuerdos..., simplemente es lo que nos queda.
– ¡Si yo le contara!... Tuve varias relaciones hasta que encontré a mi pobre Encarna. Mi vida cambió tanto cuando la conocí... Pensé que nos habían cambiado de mundo. Con ella encontré la felicidad, me enseñó que los pequeños detalles son los grades, ( les decía "las especies de la vida".) Me donó mucho más que yo a ella, sin embargo, yo la quise igual. Hace años que no la tengo, y aún hoy, sigo conjugando el verbo amar en presente... La vida se transforma a hiel cuando nos falta el ser querido– los ojos del anciano trocaron a húmedos, siguió hablando– Le voy a narrar una historia que no pude contársela a ella, primero fue el miedo a hacerle daño el que paralizó mi garganta, y segundo el tiempo, al abandonarme en este mundo ya me fue imposible. Hoy por hoy me queda el remordimiento.
– Cuente, cuente, que me tiene intrigado...
Continuará...
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