lunes, 25 de agosto de 2008

Tranquilo que en esta historia no hay líos de faldas
Si entre marido y mujer los líos no son de faldas...
Si eso fuera cierto el mundo, mejor dicho la realidad, sería tan estrecha como la solterona de mí pueblo ¡Por favor!, no me interrumpa más que al final no le voy a poder narrarle lo sucedido Manuel no tuvo más remedio que decir:
Me callo.
Cierto, escuche en silencio. Esta es la historia: Al principio de casarnos nos fuimos a vivir a un piso en alquiler. Estuvimos ahorrando cerca de veinte años, queríamos tener casa propia. La ilusión de mí mujer era vivir al lado del mar así que cuando tuvimos el dinero ahorrado nos dedicábamos los sábados y domingos a buscar vivienda en la costa. Encontramos una casita de unos ochenta metros con una parcelita de cuatrocientos al lado de la playa con unas maravillosas vistas a la bahía. Iniciamos todas las gestiones de la compra-venta, el resultado final era que nos la podíamos comprar con el dinero que ya teníamos más una pequeña hipoteca. Mi mujer estaba felicísima pensado que su sueño estaba a punto de realizarse. Fueron días donde el hacer planes de futuro viviendo en la playa eran simplemente un goce El anciano paró de hablar, cogió la taza de café bebió un sorbo, miró a los ojos de Manuel y continuó narrando su historia Pero, la vida jugó con nosotros a ese juego de... ahora te lo doy, ahora te lo quito... ... para siempre. Aún recuerdo aquella tarde de mayo cuando después de mi jornada de trabajo mi hijo me estaba esperando en la puerta de mi empresa. Su cara no presagiaba cosa buena, hablamos. Se había metido en un lío gordo con los amigos, para salir del problema necesitaba los dineros ahorrados, es decir, los de la casita, más un millón. Le dije que iba a solucionarle el problema con una condición: su madre no debía enterarse. Al día siguiente el problema de mi hijo dejó de ser, la cuestión era que el que ahora si tenía uno, y gordo, era yo Manuel aprovechó que Pedro dio otro sorbo a la taza del café para indicar:
La vida a veces es un poco miserable... Pedro hizo como que no le oyó y siguió narrando su amarga vivencia:
Continuará...

amoramar


Tags: Destinos

Publicado por adiosmareaadios @ 11:56
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios