lunes, 25 de agosto de 2008

Durante semana y medía mi mente no paró de planear historias, algunas muy rocambolescas, hoy lo reconozco. Hasta que encontré una que pensé que era la acertada no ya por su posible veracidad sino por que creí que sería la menos dolorosa para mi mujer. Así que una mañana de domingo me la llevé precisamente a la que iba a ser nuestra casa, nuestro hogar junto al mar. Allí empecé a explicarle: En mi trabajo se está hablando que para dentro de seis meses podía haber reducción de plantilla, argumenté también que los chavales al año siguiente iban empezar a ir a la universidad, así que concluí diciéndole que pensaba que no deberíamos meternos, por ahora, en el proyecto de compra. No me dijo nada, se abrazó a mí y lloró como nunca la había visto hacerlo. Sentados en la arena y abrazados teniendo como fondo el azul de mar pase la peor media hora de mi vida. Con tiempo se le fue pasando o por lo menos a mí me lo pareció, jamás hablamos de la casa frente al mar, nunca, sin embargo, mientras más tiempo pasaba mas pesada se me hacía la losa. Tuve muchos momentos en los que estuve a punto de decírselo, muchos, pero al final siempre me acobardaba. Un día la vida me la quitó para siempre en este mundo. Creo en ateo, no obstante daría lo que fuese, para que hubiese vida después de la muerte ¿sabe?, para saldar la deuda pendiente y ... Manuel al sentir que su compañero dudaba por eso callaba le conminó:
Señor Pedro diga usted lo que desee, suelte lo que lleve dentro.
Continuará...

amoramar


Tags: Calamidad

Publicado por adiosmareaadios @ 14:15
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