Querida Sandra.
Te agradezco el regalo de esta noche , Ya no por la cena, que también, tampoco por el viaje a Las Mil y Una Noches. No me Hacía falta. Sólo estando contigo las horas que me has dedicado, con eso estoy complacido. De ti, siempre espero un obsequio menos carnoso: el recuerdo Llámame cuando quieras como perro faldero estaré esperando. Evoca al hombre que te quiso, te quiere y te querrá , con sus defectos pero con una distinguida particularidad: Bien. Te quiere: Bien. Besos mi campeona de horas...
A los dos años del inconmensurable suceso, Daniel recibió una llamada telefónica de ella indicándole un desasosiego, un desahogo. Su matrimonio empezaba a tener lagunas que Sandra soportaba sola con su dolor. Su única salida fue contárselo a su amigo Daniel. Éste le quitó importancia. Le dio ánimos. Fue al cabo de una semana que ella recibió una carta de su amigo que decía:
La única forma que tengo es la palabra escrita. No tengo otra. Quiero que esta sea como azucarcillos. Es decir: que endulcen los cafés amargos de tu vida.
amoramar
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