Los que piensan que la humanidad se divide en dos castas: la elitista y la vulgar, no es que puedan ser un poco imbéciles más bien son amantes de la fachada. Marcan diferencias en lo superfluo y aunque sus vanidades no quieran darse cuenta del error que cometen la realidad los pone en su sitio, como debe se, como es.
Ser importante y sobre todo en los tiempos que corren es tan vulgar como no serlo.
¡Poca clase tiene los autollamados elite!
amoramar
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